sexta-feira, 16 de janeiro de 2009

Viernes



Estoy en el trabajo, medio lobotomizada, con hambre de desayuno inglés: huevos, patatas, salchichas orgánicas, bacon de tofu ... lo que sea, vendría bien. Mi pobre cerebro chirría y mis ojos oscilan gravitatorios en las pintitas que andan suspendidas enfrente de mi visión.

Me han arrancado de la cama esta mañana tras un mensaje de texto:

Te necesitan. Stop. Sustitución. Stop. Oficina. Donde estuviste la otra vez. Stop. El día que te dejaron tras un one night stand. Stop. ¿No te acuerdas?. Stop. Ella dijo que había sido sólo un "encuentro". Stop. Todo era borroso para ti. Stop. El olor de su colonia barata se había pegado a tu bufanda como un cúmulo de chispas electrizantes. Stop. El deseo se había añadido a él en una reacción de pura catálisis tras abandonar sus lecho y tus labios pegados a la costura de su almohada. Stop. No vas a tener que hacer nada. Stop. Simplemente preséntate ahí. Stop. Ganarás en dinero, aunque no en salud. Stop. Stop.

Me he tenido que duchar en piloto turbo, como si me adentrara dentro del reactor de un avión. He recogido la ropa que andaba medio vestida encima del sofá, con la humedad de ayer de mi cuerpo todavía suspendida entre el tejido. He desayunado de pie poniéndome los calcetines, sin mirar al muesli, lo que no ha sido una ventaja evolutiva en mis próximas 24 horas. Ni siquiera atino con la parada de metro ¿no iba a ir andando a Alonso Martínez? Mi cuerpo sabía mejor que yo que yo no iba a ir andando a ninguna parte, aunque me costase un trasbordo. En el metro me he encontrado con la gente actuando normal (de viernes, tal vez) con cara de efectuar a conciencia una rutina consabida. Hacía tiempo que no sufría la hora punta en Bilbao y me ha pillado un poco descolocada. Me cuesta mirar a los ojos de la gente cuando tengo tanto sueño: me dan miedo, siempre mienten.

Y ahora he llegado aquí, y el chico de la oficina me ha recibido con sorpresa. Me suenas de la otra vez. Se toma unos minutos con el comienzo de la mañana en el pasillito de la máquina de cafés. La secre que me ha atendido quiere que me tome algo a toda costa, y se emociona cuando ve que puede ofrecerme una manzanilla. Me despierta el músculo de la ternura.

Quiero un bocadillo de tortilla y olvidarme de que la última vez que vine aquí fue cuando me dejó la chica.

2 comentários:

  1. Ssplash,si hay algo que me da disgusto , es el apuro, yo me levanto cuatro horas antes de ir a trabajar, leo, escribo, me pienso, escucho música y mientras desayuno, después me baño, y voy atrabajar, siempre ago esta rutina, tengo una separación, muy prolija del mundo de los sueños, la realidad deseada casi diría yo lúdica, y la explotación del trabajo,
    besos
    Edu

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  2. Sí, yo debería hacer lo mismo. Pero soy incorregible y termino mezclándolo todo en uno. Salgo a la calle escopetada y me sorprende que no sea como el musgo de mis sueños ...

    Besoss

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