sábado, 31 de janeiro de 2009

Olor a almidón


En este autobús mientras me muevo imagino misiones insospechadas, tareas entregadas al fracaso pero aún así vuelvo campo a través. Respiro con totalidad y emprendo viajes mentales con vistas al mar. Un joven revienta la cubierta de plástico trasparente de una revista de arquitectura. Inmediatamente saltan al vacío pompas de átomos aromáticos con olor a engrudo. Nos rodeamos de objetos nuevos para recordarnos la multiplicidad de oportunidades que nos ofrece la vida.

Entras en un Starbucks y la vida te sonríe, el gráfico con el surtido de tamaños del café te sonríe, porque tú eres la jefa, tú eres la que manda durante 3.4 segundos. Los mandilitos verdes de los jóvenes mileuristas que trabajan allí te sonríen, las perfectas tazas alineadas te sonríen. Vivir en un mundo de sonrisas en serie, de reconfortarse mutuamente, de ver cómo las gotas de la lluvia lloran como yedras tras la puerta colectiva de salida al mundo mientras tú compartes oxígeno y humedades serenadas con más urbanitas dentro del confort del capitalismo.

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