domingo, 18 de janeiro de 2009

Persona


De vez en cuando tengo que quitarme de encima la rémora del hastío de cómo estoy siendo, de cómo me estoy decepcionando, y renovarme. Como quien renueva sus votos consigo misma, como si me fuese a un retiro sin diálogos externos y tuviera que revolverme, estudiarme, reinventarme, para ser yo misma. No sé por qué es así. Creo que se debe a estas modulaciones del ánimo que no tengo más remedio que asumir y que son de tipo orgánico y psicológico.

Entonces saco del cuarto de juguetes todo mi arsenal de recuperación. En él se incluyen: comedias de Hollywood, ilusionarme con cosas, realizar trabajos manuales donde recupere objetos que merecen una segunda oportunidad para que mis manos y mi mente se entretengan con la historia dormida de estos objetos; emprender nuevos retos dejados de lado, entretener el intelecto y obligarlo a retrancar, mover la maquinaria, despertar a sí mismo.

Hoy he tenido una multitud de sueños encadenados que me gritaban, me exhortaban con urgencia a revivir, a ponerme en marcha, a resurgir. Mi sueño se ha extendido hasta tardísimo, pero como otras veces, no me podía levantar porque los sueños me estaban contando muchas cosas y debía prestarles atención. Por un lado me lanzaban en corto todas esas cosas que me preocupan, de las que no era consciente!: no tengo suficiente trabajo, no me han pagado todavía, mi madre espera mi disponibilidad casi absoluta, no entiende mi vida, no sabe lo que hago y no quiere que se lo explique, mi padre me agobia porque es como una aspiradora unidireccional, estoy siendo demasiado seta, tengo que movilizarme, salir a la calle, hacer ejercicio, etc.

Es un momento en el que me siento impaciente, de repente. He tenido una temporada con muchas presiones, aunque muy creativa, pero el soñar lo que hace es liberarte de tus demonios, sellar las llagas, pero al hacerlo efectúa una limpia de tu subconsciente y en parte te devuelve del olvido (como he leído hoy que escribió María Zambrano), y tienes que empezar otra vez. El obligarte a olvidar tus heridas también te quita motivación o simplemente te deja ahí, imbécil, con necesidad de reaccionar, de recurrir a tu maletín médico y devolverte a la vida anatómica. A aquélla en la que te levantas, te movilizas, andas, haces cosas, piensas con juicio, resuelves dudas y problemas, estableces retos.

Lo que es increíble es cómo en mi caso mis fuegos fatuos se apagan con un pop! casi inmediato, como se recoge un circo de la noche a la mañana. A veces, cuando vuelvo a mí me encuentro un descampado, el circo se ha ido durante la noche y sólo quedan volando las serpentinas. Debía haberlo sospechado, debería haberme preparado para este momento.

Cuando me han asaltado las dudas y los temores estas últimas noches, me he dado perfecta cuenta de que la mayoría de mis preocupaciones eran infundadas, al menos no suficientes para paralizarme. Además tengo muchos planes, aunque tal vez no de retaguardia. Se resumen en confiar en mi creatividad y lucidez para llevarme hacia adelante, pero tal vez eso no sea suficiente. Tal vez tengo que protegerme un poco más y no depender de lo que me asalte la mente cada mañana, sino ceñirme a un proyecto de forma más pegajosa y llevarlo a buen puerto con el trabajo y la orientación diaria. Me he dado cuenta de que hasta ahora ése proyecto era escribir este blog, pero debe ser que la lucidez que me está dando, las decisiones personales que me ayuda a tomar, a asumir, ahora necesitan extenderse, crecer. Me están obligando a salir del cascarón aún más. Me resisto a tener que pasar a otra etapa fuera del calor de esta silla, pero creo que no tengo más remedio. No sé qué huevo he estado calentando, pero el pajarillo quiere salir y a lo mejor lo estoy ahogando ...

He renunciado a mis grandes ambiciones, porque no creo que haya ambición más completa para mí que la de saber que cada día tiene una arqueología y dinámica diferentes, y que las cosas se van encontrando como cantos que chocas con tu bota por el camino, y que a veces se meten dentro de la suela y te molestan al andar. Lo que no querría es frustrarme por esta sensación de impaciencia, quiero colmarla con las decisiones adecuadas. Ni tampoco quiero emprender un proyecto excesivamente ambicioso y grande que tampoco responda a la medidas adecuadas de mis inquietudes.

Sé que tengo que leer. Que me va a dar inspiración. Que tengo que terminar mi peli, enfrentarme de nuevo al caos mecánico de mi ordenador, que replica a la perfección el estado de mi mente fragmentada cuando rodé la película. Es un lastre épico que me ayudaría a expresarme mejor ante el mundo.

Me alegro de haber perdido la ilusión de que la continuidad hay que generarla y regenerarla. Ya no tengo proyectos escondidos, alucinaciones de cómo van a cambiar las cosas radicalmente en mi alma cuando logre reconocimiento, comprensión, etc, etc. Gracias a Dios que no. Necesito tener más control sobre mi futuro apreciando el día a día, y completando el ciclo diurno-nocturno para más adelante utilizar mi intuición para descifrar lo que realmente está sucediendo semana a semana, mes a mes, y no al revés. Antes ignoraba el día a día y tenía todas las miras en el proceso, en el resultado después del fin de un proyecto. Ahora he abandonado esa actitud y no tengo ni idea de cuáles van a ser las repercusiones a nivel personal de ciertas situaciones, me imagino que darán de hablar, que me resultaran en parte sorprendentes, pero no son mi objetivo principal.

A veces pienso en cómo va a evolucionar mi escritura, qué historias voy a querer contar cuando pueda traspasar este interés en escucharme a las reverberaciones de una historia, como ha sucedido otras veces. Creo que éste es el ritmo adecuado, escribir porque quieres, porque debes, pero hacerlo por ti, únicamente por ti, a sabiendas de que en el fondo todo el mundo está escribiéndose por dentro, y a veces sienten un reflejo de su realidad en lo que tú has conseguido descifrar sobre tu propia vida.

Hoy estaba pensando sobre la fascinación que tengo con otras personas, y cómo me quiero presentar ante ellas. He descartado hace un tiempo relacionarme de forma superficial, sucumbir ante el exceso de información pasando mi vista deprisa por ella, como si sólo tuviera que conseguir un átomo de información para mi colección de cada quintal que se me amontona en mi bandeja de entrada. Estoy buscando formas diferentes de relacionarme con mi entorno, porque si respondo a los estímulos que me lanza la vida me voy a desarrollar mucho más como persona que si mantengo barreras de indiferencia o prisas inútiles.

La gente va a mil por hora, es muy difícil hacerte ver, escuchar, parece que es inevitable perder a las personas por el camino. Miles de encuentros que no se llevarán a cabo. Sin embargo, embarcarme a fondo con una sola persona o tener relaciones muy intensas con alguien y meterme en su mundo me suele agobiar, y yo también necesito salidas de emergencia para ser múltiple, para no tener que dar explicaciones, para poder cambiar de opinión minuto a minuto. Cuando me enamoro siento que no me exigen explicarme sin sólo mostrarme, estar ahí, brillar con distinción, cualquier gesto se convierte en un retrato de cómo eres, como estás, y los silencios son mullidos y presenciables.

Es pero eso que he decidido otorgarme tiempo para hacer todo esto. Es que si no, no podría hacerlo, sería imposible. Mi mente es una maquinaria muy lenta, como un organismo mecánico biológico al que se le administran tareas cuidadosamente de vez en cuando para añadirlas a su ciclo vital. Me mantengo a la espera de ver el resultado que dará todo esto. Espero que una mejor salud mental (¿y espiritual?).

Antes me preocupaba la opinión que se tuviera de mí, ahora intento estudiar la imagen que estoy presentando. No quiero hacer un gran esfuerzo para causar una buena impresión, quiero que surja de forma natural. Quiero inhibir ciertos impulsos porque si no más adelante mi timidez me los hará pagar bien caro. Esa persona que presento, sobre todo a las mujeres que me parecen atractivas, debe ser la persona que quiero ser. Si la observo con detenimiento, tal vez encuentre las claves para realmente llegar a ella.

(Hoy he eliminado la etiqueta de Bizcochito y ha vuelto Cuore. Porque Cuore es el eterno femenino, es ella, es quien se encontrará conmigo cuando ella crea necesario, y no tiene un sólo nombre, ni es una sola mujer. Siempre terminamos encontrándonos, pero esta vez quiero estar preparada para no decepcionarla).

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