sábado, 17 de janeiro de 2009

Sábado



A veces te levantas de la cama como si un sifón de ácido carbónico amargo y espumoso te hubiera vaciado y contaminado el cerebro por dentro. Mis despertares últimamente son resultado de mis sueños de preocupación. No me viene bien pasar las primeras horas nocturnas en compañía de mi familia, porque mis temores nocturnos, esos pequeños monstruitos, se hacen comidilla y se atiborran con las sensaciones y emociones generadas por el miedo y la tristeza ante la enfermedad de mi padre.

Hoy quiero hablar de la fe. Me pregunto si se puede comprar la fe como cuando en El Corte Inglés puedo comprar tres paquetes de mi muesli preferido, para que no se acabe tan pronto como la mayoría de las cosas y no tenga que renovarlas ... lo que en sí supone un acto de fe. Las cosas te abandonan, la esperanza te abandona y tú tienes que volver al origen y abastecerte de nuevas unidades y reemprender los caminos conocidos, rutinarios donde una vez encontraste ese fervor que te impulsaba a hacer lo que te gusta, a engancharte con una persona, a seguir intentando hacer aquéllo en lo que crees. En vez de flagelarte debes santiguarte y proceder a confiar de nuevo en aquello que ahora parece petar por todas partes, como un objeto barato que vale dos duros.

Hasta este momento has estado haciendo algo y de repente, no sabes cómo, notas un cansancio que se arrastra por el suelo como un paquete de azúcar volcado, y se te cae el alma, porque ya no crees que todo vuelva a ser como antes. Tu propio azúcar en la sangre estará en caudal bajo, y te preguntas qué vas a hacer ahora que ya te no apetece hacer algo que has estado llevando al día ... hasta ahora.

Personas que te dicen cosas que te amargan el instante, les miras y no sabes si continuar creyendo en ti, en ellas. Cosas con las que te recibe la mañana, como siempre, como todas las mañanas, y un hastío se prende en ti como una lapa pequeña, y ya no sabes si realmente quieres seguir haciéndolas, creyendo en ellas. Aventuras que emprendiste, sueños que se vislumbraron posibles, fuegos fatuos que no sabes si vas a poder mantener encendidos.

El tener fe en todo esto consiste en tener fe en ti. ¿Puedo permitirme no tener fe en mí? La fe es una obligación. Detrás de la fe no existe ninguna otra alternativa. Nadie va a venir a salvarte. Pero la gente está ahí, sonriéndote: I'm lookin' at ya, kid.

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