sábado, 10 de janeiro de 2009

La Nuit



Quiero recomponerme y no deseo saber más de lo que debiera.

Los desvanecimientos son como las tribus de pájaros que emigran durante el otoño. Separan el cuajo de las margaritas, las ponzoñas de los saludos del agua, los pasos pasados de los pesos pesados.

Retrotraerse al fruncido guiño de los días que ya transcurrieron y en los que tropezarse con pensamientos ocultos desvelados en la penumbra del silencio y entre frase y frase. Rumores y rugidos sonoros por doquier de aquéllos que silencian el alma aletargada. Aletas de tiburón con reproches como arengas y arrepentimientos como fusiles arrebatados.

Simientes de las lengüetas del camino. Cantos polvorientos que se cimientan en el olvido y el rechazo. Termitas vivientes, paisajes sonoros, condolencias, muertes de papel, sabores irreconocibles. Es un sinsabor de vivencias saladas en cubiletes pegajosos rellenos de dados y fieltros verdes.

Mi memoria es como la de los peces y no dura más de tres segundos con cuarenta y nueve. No hay límite en las ponencias filosóficas de la polución callejera, ni procesos inacabados en las obras de Madrid. Más bien vidas derrotadas, avances minúsculos; más bien retrotracciones y volteretas animadas como molinillos de juguete hechos de plásticos traslúcidos.

Camina o revienta, revolotea en tus creaciones inmediatas y frugales. Renuncia al alimento, al sustento, a la expresión oral y sus fijaciones ergonómicas y embriónicas. Se desinflarán las amarguras, las visiones proféticas, las futuras felicitaciones que nunca se enviarán.

Cuando se ven los restos de periódico arrastrándose por el suelo por las tormentas voladoras y solapadas sobreviene un ánimo encogido, un vaivén frustrado. Este ánimo desvaído e impresionante se desfonda por la desesperanza en su abatimiento. Los músculos se atrofian, la huida se apremia, la cobardía sobrecoge, la desorientación sobrevuela las capas del aire como un ave rapaz soliviantada por el coraje del pánico protector.

Las oscuridades se arremolinan en género y no se siente el bombeo cardíaco. Nada ni nadie comprende y se convierte el alma en pena mientras se escuchan las aullidos de los desvaríos de la felicidad. Las livianas esperanzas apenas se convierten en hojas de arce cándidas y geométricas. Lo más barato es un ladrido quebrado de perro.

Pero no me desanimo, porque las huestes de pensamientos exudan su bilis y yo no tengo nada que ver en este asunto. La costumbre me permite revelar los temores de la noche sin empapar la cama de humedades ni apneas.

La colcha sigue a lo suyo y persigue convertirse en un manto estrellado como una tienda de campaña infantil y así permitirme dormir sin temblores. Es como si la tirita de aristogatos me cubriera también el agujero horadado del corazón.

2 comentários:

  1. Ssplash, eh llegado al limite del cansancio, y mis palabras se niegan a quedarse quieta ,y mente de pez ahora es un delfín que duerme en las profundices de los oceanos.
    Tu poema, del invierno de Madrid , acusa reflexivo, enmarañado de imágenes, como nubes negras se ciernen sobre tu cielo Madrid, en contraste con la colcha, de los aristogato, que ya no quedan mas en el mercado para el desagrado de los lectores, en cambio hay algunas muy bonitas, de la superpoderosas, pero esa no te protegen , como dicen en la etiqueta, made in China, de lo común de los hastió, de los días.
    Besoss
    Edu. .

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  2. Edu,

    Me da ternura tu delfín, y me encanta lo que (me)has escrito :-)

    Espero que tus noches sean de colchas estrelladas, porque tu delfín sueña ondas grises cuánticas, frecuencias cerebrales salinas, de brillante alta tensión y gran emoción, como tus recuerdos e invenciones sobre la niñez y tus pantalones cortos del colegio de gnomo urbano y asilvestrado.

    Coge la linterna y lee bajo la colcha perchada en tu cabeza las últimas hojas de ese libro de páginas de los libros de los años setenta, con su rugosidad y rastros de humedad a flor de piel. Las estrellas de la colcha de Merlín te inducirán sueños con paraísos de imaginárium, un gran aristogato de Alicia te espiará desde lejos y te reservará una audiencia a la mesa del sombrerero.

    Bucea en tu propio sueño, las algas fértiles y amigas serán tu mandrágora, tu farmacopea, y enviarán a tu cerebro de niño efluvios de cuentos de adulto.

    Mañana amanecerás con ganas de bailar con Esmeralda. Te pondrás tu disfraz de Harpo y su sombrero y te llevarás un tocadiscos de los años 30 con trompetilla a su casa para seguir la fiesta, pero allí te la encontrarás sepultada entre los diarios de Anäis Nin. Y antes de comeros el bocadillo de chorizo y anchoas de desayuno tendrás que leerte un libro entero del Llanero Solitario y después escribir una redacción, obligado. Y las algas te guiarán.

    Felices sueñosszzzz

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