quinta-feira, 15 de janeiro de 2009

Adrenalina en diferido


Voy a acomodar injertos de mi propio ADN en mis mitocondrias cardíacas. Desde la propia médula, la razón de mi existir, haré navegar el presentimiento ectoplásmico hasta el bulbo raquídeo. Quiero utilizar rizomas de mí misma que me ayuden a preparar el cuerpo para la pasión que se avecina.

Necesito tener la epidural a mano antes de quemar todos mis cartuchos, antes de indisponerme con esta sobredosis de deseo electrizante. Y como siempre lo que se mece entre los bastidores de la indisponibilidad del consciente es el no saber qué te traes entre manos hasta que el petardo te explote en ellas.

No existen suficientes drogas para parar el recorrido de mis diálogos contigo, en vivo o en diferido. Mi cuerpo comienza el irreprimible ciclo del deseo, se dedica a recoger y recordar entre las alambradas los brotes de besos transcurridos. El deseo es un campo de minas repleto de expectativas.

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