terça-feira, 3 de fevereiro de 2009

Argán


I. Yo

Al final te has decidido a venir, me has sorprendido. Te admiro muchísimo por eso. Déjame que te ayude, suelta la bolsa, desmáyate si quieres, ya has llegado, ya no tienes que fingir que lo tienes todo armado, en su sitio, perfecto. Has decidido venir, llegar, y con eso basta. Déjame abrazarte, no te apures si estás acalorada, necesitas seguir sintiéndote rota y agotada, cubierta de sudor arenoso, viejo que no se evapora porque esta noche debes recordar cómo te has sentido ahora. Esta noche cuando yazcas a mi lado, tras habernos embadurnado el cuerpo de Argán, para que tú veas pasar tu vida en el reflejo de la fina película de aceite de mi cuerpo. Tienes que acordarte, ¿lo harás?, porque ya lo pasado no volverá a formar parte de tu futuro, tan sólo como pedernal para que prendas el más violento fuego a tus dudas y tus desencuentros contigo misma. Tengo tanto que decirte, pero lo aprenderemos juntas, primero deja la bolsa, déjame que la lleve, sube, ya estás, aquí mismo.

Pero no entres todavía. Sopesa lo que dejas atrás, lo que lleva tu sabor, cómo has estado imitando a los demás hasta sentirte completamente vacía. Mira hacia fuera y exhala. Mira hacia dentro e inhala. Tienes que saber lo que dejas atrás antes de abandonar una buena defensa. Hoy como todos los días te has levantando vacía y asustada, sospechando de lo que quieres. Y la sospecha te ha traído hasta aquí, sabes que estarías preparada para huir si tuvieras suficiente fuerza, tal vez mañana mismo. Pero te invito a que te atrevas a quedarte.

II.Tú:

Me he acordado de ti, sin pensarte siquiera, porque ya no me importa nadie lo suficiente para convenceros de que aún anhelo, aún amo. Y me he acordado de ti porque eres la única persona que no se ha empeñado en hacerme llorar, en hacerme sentir. Todo el mundo quiere que reacciones y te des cuenta de la fuerza que reside en tu cuerpo, aunque sea obvio que ni siquiera va a ser suficiente para que puedas levantarte con primor. La gente quiere que te acarrees, que estés en constante movimiento. Tú no me has preparado nunca para resistir el embiste del temporal, de mis ruinas, de mis fracasos. Hace años que sabes donde estoy pero no has venido a buscarme. Me imagino que estar contigo es mucho más silencioso que estar sola, porque tú te sentarás a mi lado, mirando hacia las montañas del Atlas a lo lejos, sumida en tus pensamientos y en los míos, y absorta te sorprenderás de lo que te diga, aunque tu respuesta será tan lúcida como si hubieras estado alerta constantemente. Y pasarán horas así. Con la brisa cálida de la tarde que se levanta lamiéndonos la piel, moviendo las sombras de los perfiles, sin más alimento que el tiempo que transcurre con naturalidad entre las dos. Y también con naturalidad, como si lo hubiera estado deseando, de repente te hablaré de mí. De cómo me partí en dos como una granada madura cuando no supe más cómo apoyarme. De cómo decidí dejar de sentir, de ansiar, de recordar, de planear. De cómo un día caminando por la calle me di cuenta de que ya nada me importaba y que iba a dejarlo todo igual que estaba. Cogería unas cuantas cosas en la bolsa, cerraría la puerta para que alguien encontrase todo igual que entonces, tal cual lo dejé, porque las cosas no me necesitaban para mantenerse en pie, para crear monstruos en la noche que me asustaban. Las cosas se heredaban, pasaban de mano en mano. De cómo me olvidé de acordarme de mi dolor.

Tras muchos días hablándote de mí en pequeñas frases que luego se tornarían historias, regueros, rápidos de agua, y después aguaceros e inundaciones de pequeños detalles, yo sentiría una debilidad extraña entrar en mí. Finalmente me importaría lo que decía y volvería a callar, a medir mis palabras, a buscar musicalidad, a volar con ellas y a llorar.

Um comentário:

  1. ¡Precioso!
    El Atlas está en mi lista de deseos pendientes... Tú sabrás porqué.

    :)
    Nano.

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