quarta-feira, 15 de abril de 2009

Fábulas


Tengo que ir a recoger las recetas y el cóctel de medicamentos de mi padre. Puedo disponer de unos minutos para mí. Me he pasado todo el día cuidando de esta bronquitis en casa de mi madre y no he hecho nada más. Sólo empezar el libro Sputnik Sweetheart de Murakami que, por que lo que atisbo, parece que trata sobre el amor verdadero. Me interesaría profundizar más sobre el tema. Desde luego se lee fácil y lo agradezco, aunque secretamente pienso que o M. no es tan buen escritor como dicen o las traducciones del japonés no pueden ser a la fuerza tan exquisitas como el original. De todas formas, esto no tiene sentido, porque lo que yo sé de él y su gran fama viene de sus traducciones ...

Escaneo las calles de camino al ambulatorio. Siempre que ando por aquí me acuerdo de lo que estaba antes. Allí, una mercería, allá, una tienda de comestibles, un pequeño y novedoso híper, una tienda de Benetton. O miro a ver lo que cayó con los años (o con la crisis ...) Recuerdo a mi portero, Adrián, emborrachándose con chatos de vino en el bar "La Amistad".

En el bar en el que me encuentro ahora, cerca de lo que era antes la pastelería La Habana (fuente de sueños dulces infantiles), antes no se podía fumar, justo cuando comenzó la ley anti-tabaco. Y al entrar me choca la cara una bofetada de calor. Lo primero que veo es un tío mayor fumando un pitillo de tabaco negro, mareando con su cháchara de mosca de bar al camarero en la barra. Es un sitio pequeñisimo; nadie más está fumando. Ahora hasta tienen máquina de tabaco.

Me doy cuenta de que el mito de escribir en un café no es tal en mi caso porque para mí hay demasiado ruido en un café, en todos los bares del mundo. Pero la música es agradable. Una señora habla con otra sobre una pareja enamorada que se conoció en Venecia durante un Erasmus. Yo tengo que comprar Súper Glue para pegar el tubo de la aspiradora, recuerdo, para que no se me olvide.

Hoy me he sentido mal todo el día porque mi madre estaba de malas; exige silencio absoluto, y luego vino la chica y cuando está trajinando por ahí yo no me siento cómoda. En realidad debería estar en mi casa donde tal vez me hubiera puesto a hacer cosas útiles: por ejemplo, terminar la copia de seguridad del portátil, montar el otro PC; seguro que me hubiera apetecido después de cuatro meses, y volver a abordar el montaje y sonorización del corto. En vez de eso he estado friéndome de calor en la casa de mi madre, y se me ha caído la piel a tiras por la sequedad de la calefacción central. Encima he comido como una cerda.

Suena el móvil, creí que era Inmortal Beloved y me acuerdo de que sigo sin encontrar el CD de Norah Jones del que sale la sintonía de mi móvil. Tendré que bajármelo. Es mi madre: "¿Te busco?", escribe en un mensaje. Siguen entrando señoras en este bar: "Con el Natrex echas una y se te pone dulce, dulce, dulce. Mientras lo estoy tomando no me gusta." Música tipo Betty Blue. Me tengo que dar prisa con el café. He pedido más leche caliente para diluirlo y no me lo estoy bebiendo. Apenas me quedan unos minutos para llegar al ambulatorio. Le dejo 40 céntimos al chico argentino, aunque el café ha costado €1.50 El chico me ha explicado que la mezcla natural es más fuerte.

Salgo corriendo y paso por el antiguo Musical Argüelles que es ahora el Banco de Santander. Llego al ambulatorio a unos minutos de que salga nuestro médico gafapasta de diseño:

Carlos
Remilde
José Antonio
Alejandro Gómez!!

Lee la lista y me mira cuando dice el nombre de mi padre. Cambié a JC de mi médico al de mi padre. No podía tener a nadie más en su cuota y me di de baja yo, que además me mudaba, para que pudiera tratarle mi padre. Nos hizo un favor. Es un médico riquísimo y se preocupa de la gente.

No veo el folde que llevaba en la mano y luego resulta que lo tengo bien apresado bajo la mano izquierda y el abrigo. Claro que lo tengo, yo no suelo perder nada, pero basta con que sea algo relacionado con mi madre para ponerme nerviosa.

"Conozca a su enfermero/a", "Papiloma Humano". Las chicas guapísimas, jóvenes, en el póster del papiloma humano no dan el pego del todo.

La protagonista de Sputnik Sweetheart piensa que la vida no tiene sentido si no es para escribir. Sí, yo también lo pienso: mi único interés en la vida es escribir y crear. Aunque no haga nada, aunque los minutos sean como hojas de trébol que se desgranan solas.

Este café me ha mareado y me está obligando a sacar fuerzas de donde no tengo. Intenta crear su efecto derrame de adrenalina que es en realidad nitroglicerina. Odio estar en casa de mi madre, no hay redención. Tengo que acordarme de no quedarme a dormir, o llevarlo mejor.

"Hola, Betina. Buenas tardes", dice JC a una viejita escuchimizada. Mi móvil suena a lo bestia en la sala de espera. Mi madre me espera fuera, le escribo que en 10 minutos saldré. Luego suena el de un chico con una mensaje y una sintonía tipo Kill Bill, y es más estrepitoso que mi Norah Jones, relajante y jazzy. Oigo a JC con su ceceo y su voz gutural: "Con razón de más". Es un encanto, un tío especial. Espero que no haya ningún/a médic@ de prácticas en su consulta. Les he cogido manía. Suena otro móvil de alguien y es como el carrito de los helados de Londres.

Estoy súper mareada. He estado dudando todo el día si realmente estaba enferma, pero ahora que siento náuseas me doy cuenta de que soy más que floja. Me pregunto si alguna vez aparte de mis guiones escribiré ficción literaria. IB dice que cuando hablo lo hago de forma fabulada (que no fabulosa). No sé si es verdad ...

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