sábado, 13 de dezembro de 2008

Una propensión propulsante

Estaba pensando últimamente que debería volver a tener trayectos largos en el metro a sitios alienantes (ofi) o vuelta a casa (qué alivio) o tal vez otro tipo de planteamiento porque no sé si voy a fluir tecleando, tecla que tecla, sin escribir en mi Moleskine. Supongo que cuando escribo en casa no puedo hacerlo en la Moleskine porque es mi cuadernillo de viaje.

A lo mejor es que quiero viajar, salir, retozar en las visiones borrosas y movidas de un paisaje moviéndose raudo delante de mis ojos (aunque la que se mueve por supuesto eres tú). Pero no soy de las que les gusta no ir, ir a ninguna parte y esta vez es así: no quiero ir a ninguna parte pero sí quiero viajar o moverme o algo.

Hoy he pensado, he tenido una alucinación. Quería verme con un peto de pintora en un espacio enorme cambiándolo, haciéndolo trizas con la imaginación. Estoy echando de menos la brutal actividad que tenía en Londres donde me daba por alterar el sitio y las dimensiones de las cosas (al menos en mi cabeza). Londres me creaba una plasticidad especial, todo lo veía como maleable, cambiable y cambiante, at my fingertips, en la punta de los dedos, de la lengua. Estoy empezando a acordarme del Londres de mis sueños, de mis sensaciones, de cuando creaba, pero aún así sé que ahí está, la mala bestia, y no quiero volver ni quiero volver a verla (por ahora).

En el fondo no quiero moverme pero quiero keep on moving (k.d. lang). Ahora tengo una oportunidad preciosa para hacerlo, para situarme en el fondo azul de la piscina, en un balcón herida por el sol, encima de una hoja de loto ... donde me da la gana. Y voy a hacer buen uso de ello.

Pero es que no quiero salir de mi casa tampoco. Esta semana lo he hecho y he vuelto a sentirme súper cansada, con un cansancio que me acecha y me devora tan sólo para obligarme a ser esclava de mi intimidad, para crear nuevas reglas de gravedad que me mantengan sentada en mi piso para hacer aquéllo que tengo que hacer, leer lo que debería leer, pensar lo que es necesario que piense para salir adelante.

Esta semana he visto a muchas personas pero eso me ha conllevado mucho esfuerzo. Me ha gustado mucho pero al mismo tiempo me ha agotado. Vuelvo a obligarme a hacer un sagaz e inhumano esfuerzo para comunicarme cuando yo lo que quiero es dinamizarme con el ambiente o simplemente dejarme llevar. A lo mejor no soy una persona de dejarme llevar y tan sólo lo puedo hacer sola o cuando la intimidad con alguien me deja permitírmelo. No lo sé.

Y además esta casa no tiene todas las cosas que debería tener. Necesito mis libros, los que leí hasta los 21 años, antes de irme a Londres, los que han acabado en cajas porque mi padre los quitó de en medio y mi madre no se atrevió a volver a posarlos en otro lugar. Mi padre, con sus sempiternas estrategias para hacernos desaparecer, para desahuciarnos de su vida, para hacer hueco, espacio, expulsarte o centrifugarte, hacer de su ambiente un espacio estanco. Darte con la puerta en las narices y dejarte al borde del precipicio sin alas, ni zapatos, ni oxígeno. Menudo cabrón. Y ahora lo ha perdido todo porque no se dejó nada para luego y su mente vaga desnuda por el mundo, su cráneo hueco. Qué pena. Qué extraño. Qué hacer.

Cuando mi padre me deje un par doble de horas para mí y mi madre (digamos cuatro) voy a bajar todas las cajas de los altillos de la casa de mi madre y llevarme los libros de una vez de allí. No sé dónde voy a ponerlos, me da igual si tengo que salir por la ventana de mi casa a coger aire, están presos, cautivos, secuestrados en otro sitio y ahora voy a ir a liberarlos.

Algunos de estos libros son de mi madre, porque yo se los robé. Pero un libro que lees cuando nadie lo hace o lo va a hacer más, cuando nadie lo mira al pasar no es un libro robado: es un libro rescatado de la soledad, del vacío, de la puñetera casa de mi padre donde nada tiene su sitio, donde todo está fuera de contexto, donde su mente ha estado tan derruida antes como ahora, lo que pasa es que antes le hacíamos caso. Qué asco, cuánto tiempo perdido.

Pero nunca es tarde para recuperar el tiempo. Veinte años se pueden recuperar en veinte minutos, lo importante es querer.

Yo esto recuperando(me) y es una sensación extraña. Me da vergüenza que la gente vea atisbos de esta reconstrucción, es como una operación de cirugía estética para quitarme los rasgos que ya no me definen, volver a mi rostro. Estoy volviendo a los años setenta a los ochenta, a mí. Y sólo entonces podré entender lo que he hecho durante todo este tiempo, cómo me dediqué a vivir así mi vida y por qué me causaron impresiones, dolor y curiosidad, gozos y sombras todo lo que he estado haciendo desde aquel entonces.

Recuperar es mejor que tener algo de nuevas. Y por eso soy rica porque puedo recuperar todas las cosas que necesito. Y aunque no estén ahí con que las redescubra o recuerde ya es suficiente. A veces escribo palabras que no he dicho en miles de años, que no he escuchado decir. Es una sensación impresionante.

No sé qué me pasa físicamente. Estoy hecha polvo. Quiero comerme cien barras de pan. Quiero entenderme, quiero que me dejen en paz pero que me comprendan y me acompañen. No quiero salir ni entrar, pero quiero que vengan si me dejan ser. Quiero que me vengan a buscar, que me apetezca ir con ell@s. Quiero alimentarme de oxígeno e imaginarme que es pan con queso. Quiero tomarme otra slice de pizza siciliana en La vita e bella de Malasaña (sé que hay un acento por ahí). Quiero tomarme un café sin que me revuelva el estómago y me deje seca. Quiero descargas eléctricas de dopamina por mis nervios, mi sangre, mis recorridos neuronales. Quiero reírme sin que me digan que no es gracioso. Dónde estoy que me bajo.

Quiero recorrer páramos y sentirlos jardines. Pensar en sueños y soñar en letras y líneas escritas. Quiero descargar sopa de letras de mis Moleskines como quien se baja millones de bytes en su ordenador.

¿Por qué me gustan tanto las mujeres? Quiero mirarlas sin desearlas. Hoy una me ha dedicado una mirada de paso congelada en el movimiento, consolidada por mi reciprocidad. Probablemente no fuera nada y lo es todo. Pero empezó en el principio de la ventana del café y al pasar el muro hacia la otra ventana la mirada continuaba; yo le di a ella un latigazo y ella me lo enchufó a mí. Quiero comunicación no verbal como en el verano cuando disfrutas del sol con otra persona. En invierno todo el mundo quiere hablar, quejarse, rememorar, pero yo sólo quiero hibernar en la intimidad de una pompa de calor, y quien se apunte, vale, pero no me marees, no me dés la tabarra con tus mil historias, quiero dormir contigo, descansar sin que me digas que hay que salir a no sé dónde. Quiero que disfrutes de mi calentadorcito LasTresJotas (termoventilador) con el que me quemo la piel de los pies dentro de los calcetines inútiles. Y que no me digas que te da dolor de cabeza.

Tengo sueño, pero como de costumbre no quiero dormir. No creo que haya nada ahí de interés, en el mundo del subconsciente onírico. Me he cansado de vagar allí como un alma en pena. Quiero quedarme aquí, en este otro mundo, en la otra orilla, un poquito más.

No quiero soñar, quiero vivir. Aunque sé que debo descansar si quiero tener la vista descansada mañana, si quiero tener fuerza suficiente

¿Será mi thalassemia minor? ¿Será mi bipolaridad? ¿Será mi imaginación? ¿Será haber dormido seis, siete horas en vez de ocho? ¿Será que Vodafone me levantó a las nueve con un estúpido mensaje con el importe de mi recibo en vez de dejarme dormir hasta las once como había planeado? ¿Será que he estado soñando con mi padre durante las últimas dos, tres noches? ¿Será que mi hermano salió a cruzar la calle como un espectro una noche cerrada con el semáforo en rojo y casi se produjo una colisión múltiple de coches que le hubieran llevado por delante y que mi hermana con el bebé le vio hablando con el coche policía, y hasta Poquitos alucinó con todo al igual que todo el mundo alucinó con todo? ¿Será que al llover mi cuerpo entra en stand-by y no estoy respirando lo suficiente? ¿Será que llevo dos, tres días comiendo poco o desayunando, comiendo y cenando al mismo tiempo? ¿O que la gente me está hartando con su estrés y machaconería? ¿Que las mujeres que encuentro y me tocan en el trabajo y me sonríen con unos ojos marrones, enormes, mareantes, esplendorosos y mullidos luego se dan media vuelta y se van a hacer sus cosas y yo me quedo clavada en el sitio preguntándome ...?

2 comentários:

  1. wow!!

    la vita è bella...

    con post como estos te superas. me ha encantado...sobre todo lo de los libros "robados", siempre pensé que robaba libros y me sentía mal por ello. me has descubierto muy fácilmente que nunca robé nada.

    besos
    Inés

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  2. Querida, Inés

    Mejor libros robados que besos robados ... Que mientras leemos no nos metemos en más líos ;-)

    Besitos

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