quinta-feira, 18 de dezembro de 2008

Cruasanes



Todo el mundo parece que flota con las burbujas de los planes de Navidad. Yo hasta hoy no tenía claro que la semana que viene es Nochebuena, y ni siquiera sé qué día. Yo estoy pensando en mi fin de semana, donde podría alcanzar algo de paz y tranquilidad y reorganizarme las ideas sin esfuerzo, libre de la celeridad de la semana. No tanto la mía, pero la de los demás. Termina contagiándote ese temible escaparate de posibilidades que comienza el lunes y continúa hasta el viernes donde tanto hay que hacer y donde tan poquito se acota.

No sé si mi tendencia al ritmo orgánico es un error o no, pero no quiero luchar contra corriente y debo tratar de seguir mis constantes vitales y emocionales sin preguntarme si debería finalmente tomarme en serio eso de ser una mujer de provecho. Me da que no, que no vale la pena buscar planes externos cuando todo está aquí en mi cabeza, en mi cuerpo, sosteniendo cada una de mis células, en mi historia personal y en la posibilidad de comunicar todo esto a otra gente.

Por lo pronto hay algo que me viene bien y me da tranquilidad. Nunca sé si voy a trabajar o no, porque ahora me llaman desde mi empresa cuando me necesitan y ya está, y yo decido a la hora que voy e incluso el día. Me da muchísima libertad y me ha quitado el yugo del trabajo de encima. Es casi como cuando no sabes si va a llover. Es bastante ideal. Además no me importa trabajar un día durante muchas horas a sabiendas de que durante los siguientes dos o tres días puede que no vaya a hacer nada.

Todavía me estoy imponiendo cosas pero incluso ésas intento que no me desestabilicen demasiado. Estoy ayudando a mi madre por amor y lealtad en este trago tan grande que es la enfermedad de mi padre. Está muy nerviosa y no siempre es fácil estar con ella, pero verla respirar durante unos segundos con libertad y consuelo, con alivio por haberle solucionado una pequeña gestión, un problema me llena de satisfacción.

Estoy aprendiendo a comunicarme con mi padre de otra manera. Pasé por una pastelería y vi unos cruasanes que sé que le gustaban y se los compré. Son unos mini cruasanes dulces que te puedes comer casi de un bocado. Él estaba en un estado de confusión total y bastante atontado. Le ofrecí un cruasán y en seguida lo engulló. Se me quedó mirando extrañado, disfrutando, espero, del sabor del cruasancito, a pesar de que después de unos minutos se iba a olvidar de que lo había comido. Es muy extraño comunicarse así con alguien. Terminas preguntándote si vale la pena hacer algo para alguien cuando no va a haber ningún tipo de continuidad en su memoria, que es como decir que no vive, porque la vida es darte cuenta de algo. De todas formas, nunca he podido hablar con él, ni hacer nada por él, y él ha hecho bastante poco por mí así que me pregunto si lo que puedo hacer ahora es otro principio en nuestra relación, muy diferente de lo que me hubiera imaginado nunca.

Tal vez el amor es sólo eso: das un cruasán y luego otro y luego otro, hasta la eternidad.

2 comentários:

  1. El amor,es eso,no solo dar un croisán y luego otro más,si no el hecho de aceptar todo lo que viene como algo natural...Sé perfectamente por lo que estás pasando,pero en mi caso,lo unico que pude hacer es llenar mi cuerpo y mi mente de paciencia a borbotones,porque después de muchas horas de esperar ser reconocida,tenía un solo minuto al día para volver a ver en sus ojos que me reconocía...Así que aunque nos cueste,tenemos que saber aceptar.

    Besos.

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