quinta-feira, 18 de dezembro de 2008

Narrativas sublimes


La mente me enlaza con narrativas sublimes, con zarzas ardientes que me revelan verdades átonas y asilvestradas. Mis tránsitos mentales me ofrecen escapadas multicoronarias por las acacias lunares y sus venas caudalosas de fluidos textos y almidonados peregrinajes.

Quiero prestarme a la suerte de sus permutaciones y sus páramos inciertos para registrar soledades y peripecias en tórridas arenas y escondites. Soy una navegante sólida que siempre retorna a su puerto pero que al soltar amarras no teme lo desconocido porque cree que se asomarán a la vista del horizonte todas sus ilusiones. Y en sus veredas de espumas marinas piramidales con sus polígonos de cristales marinos finalmente hallará la paz.

En mi cabeza me rodean en cada esquina de su cuadrilátero férreas linternas mágicas que al mostrarme las regiones de mi vida me inspiran a llevar en mí certezas perseverantes y salubres escoras.

En los períodos de confusión salgo como una bola de petanca a estamparme con necedades, pero sin saberlo ultimo misivas contenidas en botellas de anís acorralado. Brindo por las alacenas de suspiros, las reclusiones, las melodías de prestamista, los infundados prismas de noches cerradas y solsticios perfumados.

Hay momentos en que no me conozco; vivo sin vivir en mí y presiento rocíos sin polen, velas de cobre, mellizas de circo y carruseles empastados en papier marché. Todo ello retiene la esencia del brillo que no cesa, de las sierpes sagradas, de los sacrificios en vano y los relojes sin cucú ateridos de frío.

Los demonios colorados coronan mis enojos y rondan las mercedes que no rezan y los rayos que no cesan y las luminosidades bermellonas, sin tregua, esquivando agujeros en la oscuridad.

Presiento graves regocijos y menudas decepciones y entonces actúo, me pongo en marcha y camino y no me preocupa nada que me parta en dos mitades porque así me narro.

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