sábado, 19 de dezembro de 2009

Partidas

Entumecidas velas de barcos con amarras de escarcha. Infinitas serenatas de quien sueña prados verdes a la luz de la luna de lechera repleta y té de yerbabuena.

Encendidos están ya los pistones de acero, y doblan las campanas en sus campanarios, cobijo de erizos. Y redoblan las tripas de cerdo de la piel de los tambores de los tamborileros ciegos.

Insulsos recibimientos para un barco que ya no abraza la costa, sino que la sutura con un borde desconchado de su proa para no volver. Porque yo no quiero volver, no quiero volver nunca. A las canciones de guerra, a las melodías de antaño, acrisoladas, fieles como un cancerbero que te bloquea la salida fieramente. No quiero, deseo crecer marchándome de aquí y no quedándome.

Deseo abrir mis cortes y llagas y limpiarlas con espino albar y aceite de árbol de té, y que el aroma de la carne desvirgada de mis heridas de Ecce Homo se destete del aire y me permita echar una cabezada un rato.

Y tras descansar, volar, como un fénix rejuvenecido y atolondrado. Como un salto de agua en una cascada de lágrimas, como un espectro que retorna a su niñez y su piel de terciopelo tierna, ingenua e inocente. Atrapada por el deseo, deseando vivir una noche intensamente como una polilla enardecida. Pero esta noche parto sin mirar atrás, con un guante articulado de plata hasta el codo, como una soldado de antaño, como una Juana de Arco iluminada por el destello del cometa, con la sabiduría de mi alma concentrada y su eterno ser. Con el que levanté un día en mi primera niñez asumiendo con naturalidad que yo era mía, que yo era yo.

Y renovados los votos me asomo al borde de la baranda de la popa de mi barco liberado de sus fantasmitas Casper que aún rondan mi partida como un abanico de bengalas junto con un arco de plata compuesto por luciérnagas guiándome el camino. Son mis propios fantasmas que sonrientes como infantes me ayudarán y me sacarán de estas aguas cristalinas hacia destinos aguamarina donde revivir y ser yo, plenamente yo, totalmente, vespertinamente yo.

Truly, madly, deeply.

Una aurora boreal engarzada en el cielo espera que me una al viento.

(Sólamente una vez, I.B. se ama en la vida ...)

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