sexta-feira, 29 de maio de 2009

Suelo


Las autopistas que enlazan hacia mi sexo están cargadas de coches enloquecidos como balas de plata que accionadas por pistones ciegos me alcanzan para que tú me penetres.

El suelo tiene un olor que podría ser un sabor estable de polvo ardiente. Me tumbo y mi pelo recoge sus esencias, sus formas, las pisadas que abrasan al retumbar sobre él. El sabor añejo del polvo, del polvo, del polvo sellado es el frío suelo.

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