quarta-feira, 27 de maio de 2009

Simetrías


En tu cuerpo dos: brazos, piernas, ojos, rastros de genes binarios. Simetrías a pares, à deux ,
desdoblamientos, desligada en dos querencias, transfigurada en tu pareja de ti.

Y así marchamos desde la concepción, como una unidad desplegada en armonía sintéticas, integradas y prácticas, al unísono pero multiplicadas en dos soledades, dos toques en el aire, la marcha del cuerpo musculado en paralelo pero enrutada en línea única para completar un trazado de principio a fin, sin sabernos acompañadas por estar esencialmente solas, encontradas con nuestra imagen de espejo, mirándonos frente a frente con nuestro único futuro.

Y así vivimos con esa ilusión de duplicidad enfrascadas entre el pasado y el porvenir, y meciendo nuestros movimientos en sendos caminos para precisar un cruce que llamamos presente pareado.

Y entonces la encuentras a ella, y reconoces que has dejado atrás tu soledad pero no sabes por qué te sientes más acompasada, más cierta a pesar de. Te encuentras en vivo con un sabor a ti, un retomar ciego, un raudo reencuentro para saberte dotada de elasticidad pero apenas moviéndose entre los graves y los agudos al enlazar tus propias manos, al encuadrar la arquitectura de tus hombros, al repicar el eco del tamborileo de tus dedos como moviendo y azotando cajas chinas en golpes de dos pero sabiéndote una, una sola, meciendo los molinos al viento, uno enfrente del otro, pero replicándote en una pared de frontón para recibirte, imprimirte en el aire como un repique, una pareja de tus contradicciones, la mezcla entre la salvia y el tallo.

Pero te entronizas en ti, y te desarraigas entera y aislada, escondiéndote tal vez en el espacio entre la semilla y el salvado, porque en el fondo son lo mismo, y el espolón de tus brazos frondosos, y el reflejo mimético de tus rodillas al cuadrado o las miradas en zig-zag de reloj de salón sólo te ayudan a contenerte, a compactarte, sin desazones temas ni tristes disputas entre la derecha embriagada y la izquierda desasosegada con el enamoramiento de los helechos.

Y apareces tú y lo cambias todo. Renuevas la saliva que era una pero que te funde a ella. Emprendes un replegar de tus alas hacia tu espina dorsal para de verdad entremezclarte, separarte de tu doblez y ser una, al fin.

Nenhum comentário:

Postar um comentário