domingo, 7 de fevereiro de 2010

Frozen minutes in fridge


Minutos erosionados, desiertos de significado, dilapidados. Salvada por una libreta. La nevera vacía, los bolsillos, la mente vaciada de flores a la espera de la siguiente mudanza. Debo dejar de pensar en el futuro que me espera, o incluso en el momento presente. Por eso dormir es tan apetecible, porque la vida tiene un caparazón estrellado y se deja de sufrir al fin, durante unas horas, este sufrimiento inútil y orgánico.

No sé lo que es peor: si el frío, la falta de lecciones aprendidas o la ausencia de ayuda.

Por lo menos sé que tengo la posibilidad de escribir, de ser sincera, de lanzar bengalas, de derrocar a la molicie, de encontrar cierto refugio y tal vez acelerar la vuelta a cierta dosis de recuperación.

Todavía quedan saetas que se me ensartan en las sienes, que me hacen derrapar con pensamientos. Es una lástima, que esta vez intentaré no sucumbir a ellas.

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