El primer día que me asomé a las rebajas con Mario fue el día que comenzaron y flipé. Este flipe mío tenía una parte de asombro y otra de incredulidad. No podía creer que cuatro millones de personas de este país, casi el 20% de la población activa, esté mirando al techo cada día, pero que en vez de pasar los lunes al sol los pasan en las tiendas, y no paseando ni mirando, sino haciendo cola para pagar. ¡Uy!, ¿con qué dinero?, le pregunto a Mario.Estábamos en el centro comercial La Gavia, completamente desubicado geográficamente en mi cerebro. Al parecer está en Vallecas. Coño, ¿no demuestran las estadísticas oficiales que el paro se ceba con los barrios obreros? Y entonces vi la luz y diferentes lexemas, acompañados de sus morfemas empezaron a gestarse en mi cabeza: Pago en negro. No contrato. Dinero del paro. Subvención. Economía informal. Economía sumergida.
Allá cada cual, pero como mi armario, a priori, no necesitaba nada más para estar contento, nos marchamos. Y el sábado pasado, el viernes y ayer me adentré de nuevo en el mundo rebajero. Esta vez con una lista, como la del súper, pero en la cabeza. Y me di cuenta de que estas ocasiones son excelentes para invertir en básicos.
Una camisa, un pantalón de pana, un vaquero gris de flaca y electroperra, zapatillas de tenis para mi vuelta al circuito deportivo, una chaqueta de lana de ochos preciosa elegida por Barb, un pantalón de pijama, un jersey de pico liso, nosequemás y lo mejor: una gabardina con un fino estampado de pata de gallo, que se dice así y no de gallina, como erróneamente lo nombraba yo. A todas estas prendas les doy la bienvenida a mi armario, que desde este fin de semana, también es el suyo.
Pues te agradezco que me ofrezcas tu armario, pero tengo que seguir adelgazando para poder usar esa preciosa gabardina que describes tan bien y con la inimitable pata de gallo y no de gallina como decías tú.
ResponderExcluirCasualmente estaba yo escribiendo un post sobre las rebajas, más o menos en esa línea, ¡ay Dora, cada día tenemos más compenetración!!
Tener como pareja a un economista-rural no es poco, ahora bien, si encima tiene buen gusto, pues ¿dónde hay que firmar? Este es el caso de Dora, y qué bien ha fichado, porque otra cosa no, pero su chico pese a ser clásico, tiene muy buen gusto, al punto que dijo "esa gabardina no, mejor esta de cuadros, es mucho más bonita" y así se resume la historia de la gabardina, joya de la corona del armario de Dora.
ResponderExcluirUn abrazo, electroperra