quinta-feira, 28 de janeiro de 2010

K.O.



Me gustaría poder llamar por teléfono algún día y que las personas de mi familia o aquellas que trato con frecuencia estuvieran de buen humor.

Me encuentro con que la gente a mi alrededor tiene problemas para comunicarse y calmarse cuando están bajo presión, y es como si una cortina de fealdad les impregnara y les cubriera de negatividad.

Yo en esos momentos debería alejarme porque voy a decidir rendirme incluso antes de que me lancen el primer golpe. O sea que hoy he decidido hacer lo que me hace sentirme bien. Hoy es mi día para reconstruirme, porque esta semana ha estado colmada de incertidumbres y momentos restañados; y, la verdad, ya a jueves parece que no va a ser fácil reequilibrarme completamente (si sigo el calendario romano y creo que el lunes es el comienzo de algo, y que la vida se trasiega de siete en siete (peldaños)

Hoy hubiera escrito algo inmediatamente tras levantarme, pero estaba obcecada con el wash and go de casa de I.B. para encender mi día. Creo que voy a seguir tuneando el Jornada porque al fin y al cabo es mi terapia. No tengo forma de explicarme esta obsesión de forma intelectual. Supongo que es una forma como otra cualquiera de evadirse y subir la serotonina a cachitos consiguiendo logros pequeños con el troubleshooting de mis ordenadores.

Hoy estoy sin móvil porque se me olvidó anoche en casa de mi hermana después de dedicar una mañana entera a arreglar su ordenador, y tras verla tan cansada cuidar toda la tarde/noche de mi sobrino mientras ella dormía un poquito y se relajaba. Sí, es cierto que le he reprochado que no se plantease siquiera el acercármelo. Siempre soy yo la que tiene la obligación de andarme con unos trajines de la leche e ir de un lado a otro. Y todo el mundo sabe lo que me cuesta ir en el p... autobús a Majadahonda. No me van a poder contactar sin móvil, y lo peor es que I.B. dice que es normal: que yo no quiero que me contacte nadie, que quiero estar en mi mundo, pasar un poquillo, escaquearme, escaparme, esconderme, invisibilizarme, en fin, pasar el umbral del 2010 teletransportándome con una nube de azufre de camuflaje a alguna lejana dimensión donde los almanaques son papel mojado, donde ni con salvas pudieran encontrar mi escondrijo, donde todas las redes de nylon del mundo perfectas para la caza y captura ni lanzadas desde helicópteros por el avieso ejército de EE.UU. al mando del comandante Patton pudieran seguirme el rastro. Imagino que algo así tan difícil como ganar la guerra de Afganistán en ruso o bushoninano. Joder, no estaría mal, pero la cosa es que no es verdad, y me duele. Casi siempre estoy cerca y de buena disposición, pero parece que mi tiempo no vale ni un ochavo. Cuanto más disponible estoy más se queja todo Cristo viviente. ¿Por qué será?

Tendré que volver a ser la suricata a la que se ha condenado con el edicto de búsqueda y reward.

Me doy cuenta de que las cosas que hago son interpretadas a veces con tal dureza que el castigo se vuelve eterno: porque claro como tú .... (repítase hasta la saciedad). Te pueden andar reprochando lo mismo sin parar durante TODO el tiempo del mundo. Total: tienen tiempo. Esto me cansa mucho, pero es sin duda una terapia de choque y desgaste muy efectiva. Me recuerda a la que usaban mi padre y mi madre; ese constante reprochar, parecía que el estar bien o feliz se trataba únicamente de un breve armisticio en la inmensidad del océano de tu impertinente vida infantil.

Volviendo al móvil de los cojones, a mi hermana no se le ha ocurrido nada más ni nada menos que coger el autobús hasta Madrid hasta la sierra llevando el móvil (tan embarazadísima de seis meses como está) y dejarlo en el ascensor de la casa de mi madre. Porque claro, como es sabido yo tengo todo el tiempo del mundo para ir recogiendo mis cosas donde otras personas deciden dejarlas. Mi tiempo no vale nada, pero es que ahora parece que yo ni siquiera tengo casa o derecho a que mis cosas vayan a parar ¡a mi casa! Y recibo un mail, porque claro ¿para qué está el teléfono fijo?, en el que me dice que "estaré contenta" y que mi móvil ha sido despachado. Todo normal hasta ahora.

La estrategia ha variado, ahora se me está intentando hacer sentir mal porque lo que hago, de todas formas, no vale un ochavo (como mi tiempo, atención), y mis intereses no son propiciar el bienestar de los demás. Estooo ... a ver: no dedico mi tiempo para ayudar a los demás (madre, padre, hermano, sobrino, etc) sino realmente para sentirme bien haciéndoles sentir mal por no agradecerme las cosas, con lo cual en realidad lo que pretendo es cabrear a todo el mundo, hacerles la vida imposible en esas correrías, favores y encargos kilométricos jamás llevados a cabo hasta ahora que me encargan sin rubor, todo porque lo hago para fastidiar ... claro está.

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