sexta-feira, 29 de janeiro de 2010

Meltdown


Me he he tomado un café y algo más para desayunar y me ha sentado fatal. Creo que he comido demasiado y ahora me duele mucho la cabeza y el estómago. Siento resaca tras el tumulto emocional de esta semana. Me siento vulnerable, es verdad, pero también a la defensiva porque parece que me encuentro siempre oscilando entre la caricia y el golpe propinados ambos por mis seres queridos. Es una sensación conocida que se remonta y es muy incómoda. Proviene de la niñez y ahora la veo perpetuada en el carácter español. Esa grosería, ese mal humor, esa forma de ser desagradable sin pensar en los sentimientos de los demás.

Es probablemente una costumbre, una forma de ser inconsciente pero me desequilibra y me hiere porque a menudo no sé si lo que hago tiene alguna incidencia o importancia. Desconozco si mis acciones, mi personalidad, mi manera de expresar mis ideas, mis acciones, mis sentimientos son comprensibles o coherentes para los demás o simplemente pasan desapercibidos o, peor aún, arrollados cuando llega el aguacero de reproches.

Todo esto me crea una sensación de seguridad precaria en un mundo con un envoltorio hostil que me provoca escozor.

Y ahora, tras mis últimos intentos de hablar, de sentir por mí misma, de encontrar coherencia en mis relaciones, me siento destartalada, algo insulsa, conmocionada. Me resulta difícil expresarme o expresar algo sin que me juzguen; no sé si mis esfuerzos por crear relaciones bonitas y regeneradoras simplemente se estancan al ser ignorados, y veo que la soberbia de los demás no tiene límites y aplasta todo si tienes la osada intención de que entiendan lo que están haciendo.

Debería entonar un mea culpa por dejar que la situación llegue a este límite, aunque sinceramente no sé muy bien lo que debería haber hecho ni lo que debo hacer ahora. Estoy sufriendo un shock anafiláctico debido a la toxicidad que ha desbordado a mi organismo.

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