
Es un balón uniformado, siempre alerta, siempre adelante, siempre entusiasmado con la ronda nocturna. A mí me gustaría saber en qué consiste el seguirle la pista a ese partido de tenis del estrés y las prisas entrecortadas, siempre traicionada por los reveses que te tiran y te dejan fuera de juego por no ser zurda, por dar un traspiés con cada raquetazo, por no llegar a ninguna bola sin tener el corazón en la boca.
Si me dieran tregua, lo que no directamente no se da por supuesto, daría igual, porque soy yo la que se debería dar tregua, la que debería escupir el prendedor que me retuerce los bronquios, la angustia de vivir en una carrera asíntota, insensata, retorcida, buscando siempre la gratificación inmediata.
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