
No había precedentes. En pleno Madrid. Con este calor, que me sofoca e irrita por el día y me ahoga por la noche, nos marcamos un picnic anoche en la pradera de San Isidro. Sin mantel de cuadros, porque somos de ciudad, pero con los huevos rellenos, ensaladas y acompañantes... todo aviado por Bebe y Juanjo. Con este calor, que yo no puedo ni con los avíos de un gazpacho.
Aunque no he de preocuparme por las calorías que ingiero sí me apetecía caminar. Paseo hasta Tribunal. 01.30h. El último tren a punto de llegar y yo esperándolo. Sólo hay guiris borrachos. Ellas con la falda minúscula, rubias y el tacón alto. Ellos sonrosados e intentando recuperar en Madrid ese verano que les falta.
01.55. Salida en Tetuán. Encuentro a una china como angustiada en la calle y veo girar el coche de la policía en la esquina. Comienza el trailer de Dora: El marido está borracho, le ha pegado, ya no aguanta más y esta vez ha llamado a la policía, le ha costado...
"Buenas noches, perdone, documentación por favor". La policía se ha parado a mi altura y se han bajado del coche los dos agentes que lo ocupaban mientras yo le daba al
play a mi película chinela.
Estoy incómodo y paralizado. ¿Pero por qué? ¿Qué tengo que temer? No lo sé, pero de repente la boca se me ha secado y siento una soga en el cuello que no deja salir mi voz.
-¿Por qué me han parado?, les pregunto.
-No se preocupe, es rutinario.
Uno de los compañeros se lleva mi DNI. Mientras comunica por la emisora mi nombre completo y fecha de nacimiento, pasan tres personas más. No sé qué sentí en ese momento, si vergüenza o indignación.
-Le habíamos confundido con un habitual de la zona. Pero no pasa nada. (Me intenta tranquilizar este policía, hombretón, con barba, de mi edad, con su cara a menos de 20 centímetros de mi calavera.
-Eh... claro, es posible, vivo ahí.
-No, no es eso.
Me devuelven mi documento y me marcho.
-¡Buenas noches, Diego, y descanse! me
semigrita uno de ellos al meterse en el coche y cuando ya he avanzado yo unos pasos.
Sí, claro, después del soponcio que me habéis dado. ¿Por qué no te subes a casa y me tranquilizas tú?